ARTESANOIván Acosta, artesano sucreño, quiso imitar la rigurosidad de Miguel Ángel y tardo cuatro años en la elaboración, pieza por pieza, de la curiosa Suzuki 125 TS.
Tapicero de motos y carros, artista y artesano, la gente le preguntaba si había perdido la razón.
Al verlo en su taller de la calle 17 del barrio El Mercadito, en San Pedro (Sucre), midiendo las partes de su motocicleta, dibujándolas en cartón paja y reproduciéndolas milímetro a milímetro en madera con las herramientas que él mismo fabricaba, muchos se iban meneando la cabeza, diciéndole que su tarea era imposible, que no iba a acabar nunca.
Durante cuatro años, dedicó cada momento libre que le dejaban su trabajo y sus hijos, Iván e Ivana Carolina, para hacer las 103 piezas que componen su obra, que es el mismo número de componentes de la Suzuki, sin contar las partes repetidas, como los numerosos radios de las llantas o las luces direccionales.

Por estos días, la moto ya terminada se parquea en la casa de la cultura de Riohacha, pues fue elegida como una de las obras del Salón Regional de Artistas, en el Caribe, que funciona como antesala del Salón Nacional. Hace parte de las obras de la curaduría denominada Mal de Ojo, que buscó resaltar expresiones artísticas populares y académicas.
"Quise hacerla porque en un libro sobre Miguel Ángel leí que él decía que las obras buenas son a largo plazo. La figura de David que él creó es, para mí, lo más perfecto que se ha hecho.
Entonces, quise hacer algo sobre lo que la gente dijera: eso no se puede. Y emprendí lo de la moto: algo difícil y de largo plazo", cuenta el artista.



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